jueves, 13 de enero de 2011

Buenos momentos


Si bien durante todo el año que conviví con el Poderoso, sufrí múltiples altercados técnicos, varios contratiempos y miles de anécdotas, también viví momentos de alegría y felicidad que voy a recordar para siempre.

Hubo un viaje sobre todos los que hice con el Poderoso que fue especial. Nos fuimos con mis amigos a acampar y a pescar a la laguna de Junín. No solo contamos con la presencia de Ugy, Peter, Fran, Nico, y Tini, también estuvimos acompañados del auto de la familia Bisso. Un Ford Falcon marrón, asiento único en la parte de adelante y un hermoso andar. Además de la palanca al volante compartía con el Poderoso numerosas salidas en la capital y el cariño entre ambos era perceptible. Para tristeza del Falcon, unos meses después el Poderoso pasaba a manos de otro dueño. Hoy en dia seguimos disfrutando las salidas con la falconeta.






                  El Poderoso junto a la Falconeta. Dúo mágico. (Peter no sé que hacía ahí)


Me acuerdo como si fuese ayer, cuando mi hermano Tin se casó. Eran como las 6 de la mañana y los responsables del salón no sabían cómo hacer para que nos fuéramos. Éramos un grupo como de 25 personas en su mayoría afectadas por el alcohol y felices en desmesura. Ceci, la novia, seguro que habrá sufrido varias contracturas musculares a nivel de la mandíbula, porque su sonrisa no dejo de brillar ni un solo segundo en toda la noche. Estaba radiante y completa. En grupos íbamos saliendo del salón, entre abrazos interminables y risas. Yo era el encargado de llevar a los novios al hotel. Todavía no recuerdo como me confiaron dicha tarea o si solo fue casualidad del destino. Iban a pasar la primer noche de casados y al otro día viajaban para comenzar su luna de miel. Esta vez el Poderoso se comportó de maravilla, sin ningún problema ni retraso.
Tengo grabada la imagen de Tin y Ceci bajando del auto. Nos despedimos emotivamente y los vi perderse por la entrada del hotel. Son de esos momentos que siempre voy a tener guardados, y como casi sin querer el Poderoso de fondo.
Claro que no puedo terminar esta historia sin la frutilla. Si fuese una película, este sería un final alternativo. Luego de dejar a los enamorados en la puerta del cielo, yo tenía que emprender el camino de vuelta, desde el centro porteño hasta Villa Urquiza, en realidad Urquiza R, para enojo de alguno de mis amigos. Entre el cansancio, el sueño y el alcohol, me quedo con el alcohol. No no, en serio, tenía que llegar a casa y no era nada fácil en la condición que estaba.

Me desperté entre ruidos de bocinas, gritos y dos hombres hablándome, uno de cada lado del coche. No entendía nada de lo que pasaba. Para colmo miro hacia mi costado y Julieta estaba en el asiento de al lado desmayada.

Claro que a primera vista pensé que era una tragedia, pero cuando entendí lo que sucedía no podía parar de reírme. Me había quedado dormido en un semáforo en Avenida Santa Fe y Sarmiento a las 8 de la mañana. Como me putearon esos taxistas, y la cantidad de autos que tenia atrás y estaban atascados. A todo esto la flaca recién se levantó cuando llegamos a casa. Menos mal porque no le hubiese gustado saber que me quede dormido tres veces en tres semáforos distintos. Tardamos más de una hora, pero se llego sano y salvo y con unas siestitas intermedias.






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