lunes, 10 de enero de 2011

Un clásico

Tampoco hay que olvidar de la cantidad de veces que el Poderoso amanecía con las balizas encendidas o con las ventanas a mitad de camino y aun asi, ponía lo mejor de sí para poder arrancar. No siempre tenía la fuerza necesaria pero le bastaba con una caricia, llámese empujón.

Domingo 10 de la mañana es la hora justa elegida por las novias que se quedan en casa la noche anterior cuando sus novios salen a dar una vuelta, vueltín, giro, caravana, se entiende. Julieta me despertó quejándose de mi olor a alcohol, lo cual minimicé aclarando que solo me había tomado dos copas. Como debe ser cuando se sale la noche anterior con los amigos, al día siguiente uno debe estar al máximo y al cien por ciento a los deseos y gustos de la novia, y más cuando se sale seguido.

_¨si te gusta el durazno, bancate la pelusa¨_ sonaba en mi cabeza. Esta frase la escuché por primera vez de mi viejo y la tengo muy presente.

Le propuse que vaya a comprar unas facturas mientras yo me duchaba y me rescataba un poco. Aceptó sin pensarlo. Obviamente cuando volvió con la media docena de medialunas y la Cindor, yo seguía en la cama apestando. Me despertó un tanto acelerada.

_¨Anda a mover el auto que hay un camión que no puede pasar!!¨ me gritaba cagandose de risa.

Cuando bajé y vi lo que me encontré solo trate de buscar recuerdos, que nunca vinieron, de la noche anterior. El auto estaba estacionado, casi a 45 grados en una calle de carril único. Con suerte pasaban los autos pero no era el caso del camión de mudanzas. Las ventanillas de atrás directamente estaban abiertas, por todo el tapizado del auto estaban impregnadas papitas pai, esas que decoran los super panchos, y por el suelo varios embases de botellas vacías. Moví el auto en una maniobra para dar paso al camión mientras buscaba respuestas que llegaron recién cuando llame a uno de los testigos de aquella noche.

Cuando subí al departamento, Julieta con un mate en la mano, me pedía riéndose los detalles de la noche. Nos habremos reído durante toda la mañana, y después fuimos a pasar la tarde a Palermo y disfrutamos del sol y una linda caminata.

Lo gracioso, es que nunca sabía con exactitud lo que nos íbamos a encontrar en el auto el día después de una noche agitada. Por suerte en esa época éramos varios los que vivíamos por esa zona, por ende teníamos distintas opciones para elegir nuestro chofer. Lo divertido era cuando Juanchi se encargaba de dicha tarea, primero porque si te sentabas en el asiento de atrás, el auto parecía que se manejaba solo, los asientos eran mucho más altos que los hombros de Juan y el apoya cabeza era más grande que un casco de moto. Y segundo porque cuando al otro día nos subíamos con Juli al poderoso para ir a algún lado, ella no entendía porque el asiento estaba tan adelante.



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2 comentarios:

  1. acordate de poner la leyenda ¨no intenten esto en casa¨ para cuando tus sobrinos aprendan a leer.

    abrazo!!!

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  2. jajaja, gordo lo tengo super en cuenta. Los vamos a leer juntos y yo les voy a explicar.

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