miércoles, 13 de abril de 2011

Pool

Hay cosas que uno hace, dice, transmite casi de forma automática, pero sin pensar en realidad su verdadero significado o resultado. Actitudes que de grande uno repite inconcientemente, y que no tienen sentido alguno. En mi casa, como creo que en muchísimas, cuando la botella de coca-cola quedaba por la mitad le poníamos una cucharita para que no se le escape el gas. Antes las botellas de gaseosas tenían chapitas, y era todo un clásico usar de tapón una cuchara pequeña. Creo que no hay padre en esta tierra que me sepa explicar este fenómeno. Tampoco lo pedí en su momento, y menos me interesa ahora. Lo cómico es que esta tradición incomprensible viene de antes y se repite y se pasa de generación en generación. El tema es que muchas de estas cabalas no tienen explicación.

Hoy me vino en mente la palabra ¨pool¨ y me acuerdo como la usaba y practicaba cuando era un niño de escuela. No es que fuera un fanático del billar o de los juegos, sino que esa palabra significaba otra cosa totalmente diversa en mi familia. Nunca supe porqué se usaba ese término para explicar este tipo de proceder. Pool = ponerse de acuerdo entre dos familias para llevar a sus hijos/as al colegio. Paso a explicar el sentido de este acuerdo entre familias. La idea es coordinar para que ambos matrimonios puedan descansar una semana. Por ende, la primera semana algún padre se encarga de llevar a todos los hijos tanto de una como de la otra familia al colegio, y la segunda semana se descansa. Hay ciertas condiciones que se deben dar para que las familias necesiten de un pool. Que sus hijos vayan a un mismo colegio, que vivan relativamente cerca, que ambas tengan un coche y sobretodo que quepan dentro. La verdad que pensado hoy en día, me parece una idea genial.

Mi primer pool recuerdo que fue con la familia De Lazuana y que un puntual Roque nos pasaba a buscar en su Taunus blanco con techo negro, abordo con su hijo e hija. Pero sin duda el pool más sorprendente lo realizamos un año mas tarde. Este pool rompía con todas las condiciones. Para empezar éramos tres familias, ocho pendejos y además primos. Casadios, Aranos y Castellanis no solo compartíamos el pasillo 5 del balneario Alaciel de Punta Mogotes sino que logramos una sociedad increíblemente práctica durante unos lindos años.

Lo interesante del acuerdo, era que tanto mi papá como mi mamá realizaban el rol de chofer toda la semana completa entonces recién cada seis semanas les tocaba manejar. Tuve la suerte que mis viejos me despertaran todas las mañanas hasta que mi hermano Fede terminara la secundaria, osea a mis 14 años. Acá se abre un paréntesis emocional. Marcela subía las escaleras casi sin hacer rugir una sola maderita, en sus manos dos vasos enromes de leche. Nesquik, azúcar para mi y sola con azúcar para mi hermano Tin. Fede nunca tomó un vaso de leche en toda su vida escolar. Mi vieja nos despertaba con una sonrisa radiante, esperaba cinco segundos y bajaba con los dos vasos vacíos. En cambio cuando era Pato quien le tocaba la despertada lo sabíamos al instante. El ruido con que revolvía la leche y su pausado ascenso confirmaban su arribo. No había ninguna posibilidad que se acordara cual de los dos tomaba sin Nesquik ni mucho menos las proporciones de azúcar. Lo mas gracioso era que durante el invierno, queriendo imitar a la correctísima Marcela, intentaba despertarnos con la leche caliente. O te quemabas hasta el culo o estaba a temperatura de mate pasado. Luego a diferencia de mi vieja, Pato subía además con el diario y se sentaba en el piso al lado de mi cama. Entre cabezazos leía las primeras líneas esperando que yo me levantara de una vez para meterse en mi cama a ¨estirar las piernas¨. Antes de desmayarse le soltaba a mi hermano Fede el último aviso para que se levantara de una vez.

Cada uno de los seis mayores, mis cuatro tíos y mis padres, que realizaban la tarea de conductor contaban con sus técnicas y mañas. Por ejemplo, mi vieja se despertaba y luego de llevarnos el desayuno se iba a buscar a mis primos. Los dejaba en el colegio y luego venia por mis hermanos y por mí en un último viaje. El resto de los adultos preferían un único viaje. Es ahí donde paro un segundo a pensar como hacíamos para entrar todos juntos en un mismo auto.
4 Casadios, 1 Arano y 3 Castellanis. Éramos 7 niños, mi prima Agus y el padre o tío que nos llevaba. Me acuerdo como si fuese hoy, el Falcon marrón de los Arano. Adelante íbamos Agustina, Tatu, Tomi y yo y atrás Fede, Pol, Die y Tin. En invierno era casi imposible ver más allá de un metro. Todos los vidrios completamente empañados, miles de cabezas y mochilas, palo de hockey, láminas, y maquetas molestando. Al llegar al colegio, descendía del auto un contingente de flequillos que se perdían rápidamente.

Unos años más tarde dos integrantes, pensando que se podían escapar, decidieron cambiarse de colegio. Bueno en realidad no se si fue decisión de ellos o de sus padres, pero Tin y Die ya no asistían al colegio de siempre. Este imprevisto no modificó el acuerdo multifamiliar ya que la nueva escuela quedaba de camino, así que pudimos seguir disfrutando de pool por varios años más.

Fueron 15 minutos o menos por día lo que representaba ese viaje escolar. Las charlas entre nosotros nunca sobrepasaron los monosílabos. Eran actitudes mecanizadas, costumbres diarias que muchos años mas tarde cobran valor. Y el valor no esta dado por la calidad de las mañanas escolares, sino por ser conciente que compartimos todos un mismo momento, mismos olores, mismas sensaciones. La franela de los Arano para desempañar los vidrios, la cara de mi viejo con la bata puesta y pijama abajo, los comentarios de mi tío Luis, la Continental de Marcela, el buen humor y los monólogos de mi tío Jorge, las puteadas de mi tía Patri, sin duda las mas pistera de todos, el peinado de Tatu, los resúmenes enrollados, y muchos detalles mas que hacen de una costumbre vieja y casi fuera de moda, un recuerdo vivo.



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5 comentarios:

  1. simplemente, gracias!
    una vez mas, lográs moverme. no dejes de hacerlo!
    exitos en la nueva entega!
    POMI

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  2. grandes recuerdos...
    seguí escribiendo junior
    Fede

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  3. buenisimo,esta bueno recordar esos momentos tan cotidianos y tan lindos.
    me da nostalgia
    Te amo
    mamu

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  4. Este relato me divirtiò mucho, sos un gran observador de los pequeños detalles, cuando describìs lo que sucedìa, en el interior del auto, es como, si por un instante pudiera percibir el perfume de los làpices, la goma de borrar, la plasticola, la textura de los guardapolvos, o tal vez, la cama calentita, imposible de abandonar...

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  5. Hola primo. Me hiciste reir mucho!! Que lindos recuerdos. Aun no entiendo como entraban 8 personitas en el falcon,con el palo de hockey, maquetas,viandas. Besos, luchi

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