miércoles, 14 de diciembre de 2011

Diciembre:

Primeros días de Diciembre y no puedo pensar en nada. Solo quiero estar en la ciudad donde nací. Me pasa todos los años desde que me fui a vivir lejos. Es un mes del año en que la gente esta contenta. Hay como una buena ansiedad por que termine el año, y con este el ciclo escolar, laboral y para muchos una oportunidad para comenzar desde cero. Ademas en Buenos Aires en esa época la gente suele estar muy predispuesta. No recuerdo un solo Diciembre aburrido o con malos recuerdos.


De pendejo me lo pasaba dando vueltas en bicicleta buscando la pileta mas cercana cuando ya me cansaba de dar vueltas en mi propia pelo-pincho. Por cierto, esa costumbre tan nuestra de meter una pelo-pincho para poder ver un poco de agua entre tanto cemento. Costumbre de la cual fui un fanático y un actual practicante. Esperaba con muchas ansias la llegada del calor para desempolvar la lona anaranjada y con una manguera de por medio limpiarla. Con los años me especialicé y adquirí técnicas para mantenerla impecable. Desde un decantador de basura hasta un barrefondo casero con una manguera usando el método sifón para limpiar los residuos del fondo. Por suerte durante toda mi pubertad disfrute de piletas amigas como la de Leopoldo Gómez que era enorme y a pocas cuadras de casa, la de Pato Pizzoglio luego de un metegol, la del gordo Tini primero en la casa de Mariano Acha y mas tarde en Colombia 31. Lindas tardes pasamos.

Volviendo al tema, diciembre es un mes de fiesta. No solo de fiestas natalicias sino el ambiente que se respira es de alegría. Cualquier excusa es buena para juntarse. Asados durante la semana, encuentros hasta tarde, meriendas al aire libre, caminatas nocturnas, paseos al sol, cenas de todo tipo, de empresas, de familia, de la facultad. También es un mes donde la gente esta muy receptiva. Se producen las mejores citas y encuentros. La chica que durante todo el año te dijo que no, en Diciembre te dice que si. Salir a la calle y ver el rostro de la gente es un placer. Por mas crisis e inflación que suframos, nuestro ánimo vive una transformación inigualable. Tamos con esperanza, con vida y con mucha seguridad en nosotros. El aire que se respira ablanda los corazones porteños y las jornadas son interminables pero por elección. Durante el día, las altas temperaturas pueden ser incalculables, pero también lo son nuestra tolerancia y buena onda.

Conozco mucha gente que la pasa como el orto en navidad y año nuevo. Ya sea por motivos familiares o por que te toca pasar la noche con parientes que ni conoces y a los que nunca llegas a conocer. Pero dejando esas dos o tres comidas incomodas, el resto de diciembre es realmente increíble también para aquellos que no disfrutan con ¨las fiestas¨.

Yo no soy un tipo religioso, ni cerca estoy de serlo, pero cuando se acercan las famosas ¨fiestas¨ solo quiero estar con mi familia. Es lo único que deseo. Es una costumbre que no la asocio con ningún hecho divino, sino al echo de festejar la finalización del año junto a las personas que mas quiero. En los últimos 10 años he pasado solamente 1 o 2 navidades con mi familia. Pero cuando llega la fecha no puedo dejar de acordarme con alegría de esos encuentros. Mesas repleta de comida, entradas frías, calientes, pasta, carne, un poco mas de carne, luego el dulce, los turrones, avellanas y nueces, que solo se consumen en esa época y el brindis infinito. Un papa Noel que justo a las 12 entra en escena extasiando a chicos y a grandes. Poco importa saber que no es real, cuando aparece produce siempre el mismo entusiasmo en todos. Es como si en ese preciso momento el tiempo se detuviera y pudiésemos sentir la misma sensación que sentimos la primera vez que lo vimos entrar por esa puerta, que en muchos casos en la misma puerta.

Luego sucede algo un tanto extraño. Ahora el primo que le tocó ponerse la barba blanca esta sentado al lado tuyo con una copa de champan, los regalos ya fueron repartidos y los tíos mayores ya están entre dormidos y borrachos. Entonces es cuando los mas pendejos, o los solteros sin hijos, o sea yo y mis primos, estamos dispuestos a abandonar la velada para juntarnos con nuestros amigos. Nunca hay un plan para la noche del 24, ni una fiesta que sea suficiente. Sea lo que sea, nada mejor que juntarse con todo tu grupo de amigos al aire libre, emborracharse, charlar y reirse hasta caer dormido.

Una vez mas, lejos de casa estoy y no siento que sea diciembre. Acá hace frío, y las chicas no usan minifalda. Es el único momento de todo el año que me pongo un poco melancólico. Soy feliz y estoy viviendo mi sueño, pero daría todo por pasar diciembre en Buenos Aires.



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5 comentarios:

  1. juli, por aca no sabés lo que se te extraña, por lo menos yo no hay un día que no piense en vos.
    Abrazo bro.
    Fede

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  2. No te podes imaginar lo que yo también te extrano y necesito particularmente en estas fechas de reunión y comunion ,El brindis no es completo cuando falta alguien importante en nuestra vida. Te amo.

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  3. Qué buen relato, cuánta ternura.
    Extrema sensibilidad.
    Leer los comentarios de tu mamá y tu hermano, a pie de página, era lo que me faltaba, para que se me aflojaran los calzones, y encima para esta fecha. No se juega con los sentimientos de los lectores, Castellani. Una vez más, felicitaciones y muchas felicidades !!!

    Vale Collini.

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  4. Hola Primo!! Me encanta lo que escribis.Te mando un beso grande y un muy buen 2012!!!
    Lu

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  5. No hay mejor lugar en el mundo que Buenos Aires en diciembre. Y esta vez lo vemos a la distancia. Ojalá que juntos. un abrazo Juli! te quiero mucho
    il niger

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