Hay una época del año en la que mi alegría aumenta de manera exagerada. Ya durante todo el año suelo divertirme y vivir de una manera muy agraciada. Pero cuando empieza a subir la temperatura del termómetro mis hormonas se revolucionan más de lo debido. En los meses de primavera y más aún en los meses de verano me vuelvo loco. Me encanta el calor y todo lo relacionado con el verano. Poca ropa, pieles bronceadas, ojotas, musculosas, minifaldas, piletas, arena, mar, y puedo seguir nombrando cosas que me transportan directamente a los meses más lindos del año.El humor de la gente cambia con la época del año y con la estación que toca. No es casualidad que en los países tropicales las sonrisas y la buena onda son moneda corriente. La gente es más feliz en verano!, y yo mucho más!
Me acuerdo del mes de febrero del año 2005 porque me encontraba en capital entrenando y en cuanto tenía una tarde o un día libre buscaba la pileta más cercana o algún programa relacionado a estar bajo el agua la mayor parte del tiempo.
El fin de semana recién comenzaba y mis amigos que disponían de pileta o pelopincho no estaban. Asi que el sábado luego de entrenar por la mañana me conformé con una ducha de agua fría y un ventilador a un metro en el departamento que alquilábamos con mi novia en Villa Urquiza. El domingo ya tenía otro color. Estábamos invitados a un asado en una quinta, con pileta obviamente, ubicada en Capilla del Señor, a 70Km de distancia. Sin dudarlo nos levantamos muy temprano y muertos de calor y con el techo del auto abierto perfilamos hacia la felicidad. Nos esperaban los tíos de Julieta y su prima con marido e hijos. No soy de las personas que se corta o le da vergüenza las reuniones familiares o donde hay gente que no conozco. Yo siempre me siento como en casa y más cuando hay una pileta de por medio. Es como que todo programa que incluya una pileta para mi ya es un buen programa, yo me desentiendo de todo una vez que entro al agua…
Llegamos sobre las 10.30 am y nos recibió la prima Carola con su marido Sebas muy contentos con nuestro arribo. Luego de saludar a toda la familia, tomé de rehén a su hijo mayor de unos 8 años y me lo lleve a la pileta. Habremos estado dos horas jugando con algunas pausas para tomar coca cola y hojear la revista Caras, infaltable en la colección de la tía Norma. Al mando del asado estaba Pedro el tío de mi novia, un personaje espléndido. De 60 años, 100 kilos, camionero en activo y de profesión y unas de las mejores mollejas que comí en mi vida. Además de esas personas tranquilas de pocas pero divertidas intervenciones.
Terminamos de comer sobre las 3 de la tarde. Era domingo y yo tenía entrenamiento en el Club Italiano a las 19hs en el barrio de Caballito. Por esos días El Poderoso sufría del burro de arranque y había que empujarlo un poco para que arrancase. Entonces con tiempo y luego de un último y largo chapuzón me dispuse a marchar. Juli se quedaba ya que su prima se volvía a la noche para Capital.
Iniciamos con Sebas las maniobras de arranque pero no respondía como debía. Empujamos una y otra vez y no lográbamos que el coche encendiera. Me parecía raro ya que venía de dos días arrancándolo así. Pasamos una vez más al plan B: Sacamos el auto del jardín de la casa hacia la calle principal. Llamamos a Carola y a Juli para conseguir más velocidad pero tampoco funcionó. Lo probamos marcha atrás y hacia delante varias veces y nada. Lo divertido para todos menos para mí era que la calle era de tierra y luego de mil maniobras yo quede, de pies a cabeza, todo sucio de tierra y polvo.
Asi que recurrimos al plan de emergencia. No había un solo integrante de los allí presentes convencido ni mucho menos entusiasmado con este plan. Éste consistía en despertar al tío Pedro de su sagrada siesta, con ronquido incluido, y pedirle que me empujara con su camión. Luego de discutir quien asumía el riesgo de recibir una buena puteada o una mala cara, la tía Norma con una sonrisa fue directa a la habitación. A los 5 minutos Pedrito, en cuero y con una cara de sueño terrible me dijo _ ¨nene dale que esto lo liquidamos rápido ¨ Me empujo unas 4 veces y a alta velocidad pero el poderoso una vez más decía basta!
Yo estaba con el tiempo en contra y me tenía que ir asi que empezamos a buscar la manera más rápida y económica para llegar a mi destino. No había radio taxis disponibles en las próximas dos horas asique recurrimos a los remises. Habremos llamado a diez lugares diferentes hasta que uno envió un vehículo veinte minutos después. No había manera de faltar a un entrenamiento y mucho menos llegar tarde, porque además existía una multa de $1 por minuto. Me tome el remis todo sucio y empolvado. Tenía que hacer casi 100km en una hora. A la altura de la entrada a capital el remisero me dice que no tiene más GNC y que tiene que parar a cargar. Con la mala suerte que me perseguía paró en la estación con más taxistas del mundo. Había que esperar unos 15 minutos, asique con bronca le pague $50 y me subí a un taxi que recién terminaba de cargar. Llegue al club Italiano dos minutos tarde y cuando entro en el gimnasio luego de cuatro pisos por escaleras veo a todo el equipo muy relajado charlando. Había un problema con el utilero y no encontraban una pieza para montar la red. Luego de media hora se decidió que solo íbamos a hacer un trabajo físico muy liviano. Habremos estado casi una hora por reloj para justificar el domingo. Creo que nunca tuve tantas ganas de entrenar en mi vida. Me había ido de una pileta con 40 grados, había corrido unas cuantas veces en ojotas sobre la calle de tierra empujando mi maquina tragándome todo el polvo, había pagado casi $80 pesos entre taxi y remís para cruzarme toda la cuidad y no entrenábamos…. me moría de la bronca.
Mientras tanto Julieta en Capilla del Señor esperaba tranquila a que llegara la grúa. La esperó más de tres horas y lo peor era que habíamos decidido llevar el auto directamente al taller de Gus, así al otro día ya lo teníamos ahí y no teníamos que volver a remolcarlo. Yo termine de entrenar y como todos los domingos me fui a cenar a lo de mi abuela. Entre mis cuatro primos, dos hermanos, novias y mujeres no dejaban de decirme que ya era hora que cambiara del auto. Obviamente durante los primeros minutos no podían para de reír. Luego de la picada, con tarta de zapallito fría, varios tipos de quesos y muchas cositas caseras para comer, me llamó Julieta que todavía estaba en la ruta con la grúa y que la velocidad media era de 50 km por hora. Además de estar muy enojada se estaba perdiendo la mejor cena de la semana. De segundo plato como siempre Lelu prepara una pasta con una salsita especial y también prepara pollo con alguna guarnición y lo mismo con unos bifecitos que entran de lujo con su particular salsa de ajo y perejil, por Dioooos!!! Antes de entrar en los licores, lemonchelo y demás bebidas post cena, vienen los dulces y acá ya con mis primos nos miramos y casi como haciendo un esfuerzo nos acomodamos en las sillas y volvemos a empezar. Desde postrecitos tipo Shimmy, Sandy, frutas pasando por tarta de manzanas que prepara en un segundo, hasta helados y chocolates. Una vez mi felicidad alcanzó el techo y mi panza el tamaño justo para desabrochar el botón del pantalón me tuve que ir a Barracas en busca de Juli. Mejor ni contarles la cara de la flaca cuando llegué. Era justo la contraria a la mia.
Firmé la planilla de la grúa y nos volvimos para casa casi sin intercambiar palabras.
papaso...me re acuerdo de ese entrenamiento en italiano...jaja,
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