Meses antes de volver a España y con la liga casi llegando a su fin, todo tipo de ingreso extra suponía un respiro o tan solo una prorroga de vagancia. Acepté sin pensar el trabajo que me ofreció Jony. Juan Luna alias ¨Jony Moon, Juancito, La mula¨ no sabía en que quilombo se estaba metiendo cuando además de contratarme, llamó además a Juan Agustín Bisso, alias ¨Tini¨. Sin si quiera negociar, ni horario, ni plata, ni el trabajo a realizar, sabíamos que era imposible que la pasáramos mal, y no solo por nosotros dos, sino también por Jony.
Juan es un pan de Dios, amigo leal y de esos cómicos naturales. De corta estatura y cara de buen pibe, es capaz de describirte toda una anécdota a base de frases. Estas frases, además de venir acompañada con una cara increíble, hacen alusión a comparaciones, o similitudes o exageraciones en desmesura. Por ejemplo:
¨que pibe feo por favor, tiene la cara del Burrito Ortega¨ o ¨que linda mina, la empujo hasta Madariaga ida y vuelta¨ o ¨sos un vagallero, vos te coges hasta un bombero quemado¨. En todo momento siempre te tira una de esas.
Nuestro trabajo no era difícil, pero llevaba mucho tiempo y por momentos concentración absoluta. Prado de Ganso es una empresa que se dedica a la organización y realización de eventos y promociones. Teníamos que presentarnos a las seis de la tarde y Juan nos esperaba ya que llegaban unas 200 cajas con material promocional y teníamos que estar ahí para descargar. Para sorpresa de todos llegamos 10 minutos antes y comenzamos a subir las cajas. Si bien la oficina quedaba en pleno centro sobre la calle Cerrito, nuestro trabajo comenzaba cuando la gran mayoría abandonaba esa zona. No teníamos horario de salida, ni cantidad de días convenidos, sino que debíamos terminar el trabajo.
Juan había calculado dos días, y no fueron la falta de ganas o de esfuerzo pero tardamos cuatro noches. Una vez la oficina de Prado estaba completamente vacía empezaba nuestra tarea. Habían contratado a Prado para realizar una promoción en supermercados ¨ Libertad ¨ a nivel nacional. Consistía que con una compra mínima de no sé cuánto, el supermercado te daba una raspadita, casi todas con algún premio. De las 200 cajas, 25 tenían paquetes de cartas españolas, 25 cajas con packs de estrellitas (esas que se iluminan cuando se apaga la luz), 25 con packs de lápices de colores, 25 con cuadernos para niños, 20 cajas con posters y banderas promocionales y las 80 cajas restantes con millones de raspaditas que obviamente venían divididas por premios. O sea cada caja decía esto:
_Carta español x 500 unidades.
_Pack estrella x 400 unidades.
_Pack lápiz x 400 unidades.
_Pack cuaderno x 200 unidades.
_Poster y Bandera Libertad x 300 u.
_Raspa Premio carta x 2000 u.
_Raspa Premio estrella x 2000 u.
_Raspa Premio lápiz x 2000 u.
_Raspa Premio cuade x 2000 u.
_Raspa sin premio x 2000 u.
Nosotros dependiendo del volumen y del arreglo de cada supermercado debíamos mandar una cantidad diferente a cada provincia. Teníamos que armar un popurrí de premios, raspaditas (ganadoras y perdedoras) y banderas y posters y colocarlas en otras cientos de cajas y enviarlas a dicha localidad. Cuando dije que el trabajo por momentos requería suma concentración fue por que las raspaditas debían estar perfectamente correspondidas con la cantidad de premios que enviábamos.
Yo era el encargado de hacer las cuentas, por suerte Juan confiaba plenamente en mí, y a Tini le daba exactamente igual. Las primeras dos horas fueron bastante estresantes. Jony estaba muy nervioso tratando de que Tini y yo entendiéramos la importancia del trabajo. El silencio del centro porteño y cantidades de cartón y cinta de embalar estaban empezando a poner a Tini de mal humor. Eran casi las nueve de la noche cuando descubrí que el televisor que estaba en el mismo cuarto que las cajas, funcionaba. La cara de Tini y la mía brillaron cuando empezaron Los Simpsons. Ya por lo menos teníamos a Homero de fondo y no era tan tedioso contar raspaditas.
El primer días terminamos sobre la media noche y bastante cansados. Cuando bajamos Jony nos compro un sándwich de mila completo y nos llevo a cada uno a su casa.
El 2do día iba a ser totalmente diferente. Primero porque había encontrado el cajón donde Juan escondía las monedas de la máquina de café y segundo porque Tini había encontrado donde guardaban los paquetes de Donuts y barritas de cereales. Cada una hora por reloj nos tomábamos un chocolate caliente con alguna cosita para comer.
Lo malo de ese día fue cuando Juan, por controlar un poco la situación, nos separó de oficina porque no parábamos de reírnos y de rascarnos las bolas.
El chiste consistía en hacer perder la cuenta de la cantidad de raspaditas. Entonces cuando veía a Tini súper concentrado contando miles de papelitos, yo le decía ¨101, 102, 111, 114, 124, 135¨y me reía y no fallaba casi nunca. Nos pasábamos horas así hasta que Jony se cansó.
_¨Parecen dos mogolicos, si le decía a los dos cartoneros de abajo me salía mas a cuenta!¨_ nos dijo en serio.
No podíamos parar de reír y estuvimos contando raspaditas en cuartos separados hasta que Jony intervino otra vez.
_¨Vamos a comer algo que tengo el hambre de Don Ramón¨_
Luego de cenar teníamos que seguir con el trabajo ya que estábamos bastante atrasados. Si había algo que disfrutaba además de trabajar junto a dos amigos eran las caminatas post cena por el centro. Cruzar la Avenida 9 de Julio prácticamente desierta y con un silencio extraño era algo mágico, hermoso. Poder contemplar el Obelisco sin manifestaciones, ver todos esos enormes edificios sin corbatas, ver la sincronización de los semáforos sin autos, ni colectivos que estropearan dicha postal era un postre ideal después de cuatro hamburguesas de Mac Donalds o una pizza en Banchero.
Ya para el tercer día, el trabajo lo hacíamos de memoria, y contábamos raspaditas con una velocidad increíble. Con Tini no paramos un segundo de romper los huevos. Nos divertíamos como perros haciendo fastidiar a Jony. La calidad de sus frases era directamente proporcional a su fastidio.
Por momentos Jony se preguntaba en qué carajo estaba pensando cuando nos llamó a nosotros dos para el trabajo. Pero sabía que además de nuestros problemas mentales podía contar con nosotros siempre. No fue ni la primera ni la última vez que trabajamos juntos.
Luego de veinte chocolates calientes, de miles de barritas de cereales y donuts, luego de ver los Simpsons y pelotudear un poco por internet con Tini sabíamos que faltaba poco para ir a cenar. Esa noche Juan no parecía tener noción de la hora y el Mac Donalds estaba a punto de cerrar.
_¨Jony si cierra el Mac Donalds vamos a tener que ir al casino que hay morfi gratis¨_ le dije usando la misma frase engañadora que había utilizado Peter conmigo unos años antes cuando nos encontramos al mediodía en pleno micro centro. Muchos jueves cuando yo salía de la facu me encontraba con Peter y nos íbamos a tomar sol a plaza San Martin con un par de sándwiches de mila. El día que utilizó esa frase terminamos los dos en la mesa del Black Jack.
Horas más tarde estábamos con Tini y Juancito en el casino flotante. Perdimos todo, y no comimos ni papas fritas. ¨Todo¨ es un decir. Lo bueno de ir con amigos que no tienen un peso para apostar es que cada mano es la última. Y en cada mano corre mucha adrenalina y todavía más, esperanzas de salir victoriosos y triunfantes. Pero no fue esa noche, así que nos subimos a la camioneta de Juan y cada uno a su casa.
En esta historia también está el Poderoso, no como protagonista pero si dejando su huella. La última noche de trabajo era la más larga, ya que además de terminar con todas esas cajas, había que cargarlas en varias camionetas y también dejar las oficinas presentables para la mañana siguiente. Esa tarde después de entrenar pasé a buscar al gordo y nos fuimos a Prado donde Juan nos esperaba. Deje el auto en un estacionamiento por ahí cerca y sobre las siete empezamos a trabajar.
Le dimos bastante parejo hasta las nueve que empezaron Los Simpsons y Tini y Jony aprovechaban para fumar. Me sonó el teléfono, era mi novia.
_¨….mi vida necesito el auto mañana si o si, me tengo que ir a Lugano, de ahí a Merlo, después a Flores y al centro¨_ me decía Juli explicándome el recorrido.
_¨no hay problema, en cuanto termine voy para casa¨_ le decía inocentemente.
_ ¨gracias hermoso, me salvas sino es imposible, tengo que ir a seis negocios y cargada con material¨_ me agradecía.
_¨dale, quedate tranquila¨_ le dije y me sentencié a una semana sin sexo.
El cansancio se le notaba en los ojos a Juan, él además de quedarse por las noches también tenía que cumplir con otras promos durante el día. Pese a eso, las frases y chistes no bajaron de calidad ni de intensidad. Sobre las dos de la mañana terminamos con todo el trabajo y luego de limpiar un poco todo el quilombo y la mugre que habíamos generado nos dispusimos a irnos. Obviamente con Tini antes de irnos teníamos que llevarnos de suvenires varias cositas. Eso es lo bueno que tiene trabajar para una agencia de promoción, que hay muchos premios, o regalos. Me acuerdo que me llevé unos 20 paquetes de estrellitas luminosas. Puse las 150 todas en el techo de mi cuarto y cuando apagabas la luz era increíble. Todavía hoy las tengo en una caja y las llevo conmigo donde vivo.
Tini creo que menos el portero eléctrico, se llevó todo.
Nos fuimos caminando los tres para el parking donde estaba el Poderoso ya que Juan no contaba con su camioneta. Cuando llegamos el estacionamiento estaba cerrado.
_¨tenés la suerte del coyote¨_ me decía Juan mientras Tini se recontra cagaba de risa.
Había un cartel enorme y decía bien claro el horario, el cual ni cerca estuve de ver cuando dejé el auto. Luego de golpear y golpear las rejas con la esperanza que aparezca algún sereno o cuidador no tuvimos otra opción que la de tomarnos un bondi. Como tres fracasados, esperamos el 67 en la parada mientras ya pensaba de que manera decirle a la flaca que no contaba con el auto para su súper día. Llegue a casa sobre las tres y media no tuve otra opción de ir con la verdad.
_ ¨mi amor, mi amor, Juli, Juli escucha, me escuchas?¨_le decía mientras me metía en la cama.
_¨hay un problema con el auto, y mañana no lo podes usar¨_ le dije con ternura
_¨que le pasó ahora?¨_ me pregunto casi sin abrir los ojos.
_¨lo deje en un parking del centro y me cerró, está ahí¨_ ni bien terminé de decir la última palabra, me miro bien fijo con cara de dormida.
_ ¨el problema entonces lo tenés vos, no el auto. Andá a buscarlo apenas abra y me lo traes¨_ me dijo bien firme.
Yo temía esa respuesta entonces fui a la negociación sin pensarlo.
_¨Si queras nos levantamos y vamos juntos a buscarlo y te acompaño a todos los lugares que tengas que ir¨_ le propuse.
_¨no!, andá y veni solo, a las nueve tengo que salir de acá, sos un boludo¨_ me dijo sin lugar a nada más.
Dormí unas horas y estaba en el mismo colectivo pero en sentido contrario yendo a buscar al Poderoso que se había quedado a dormir en casa de un amiguito. El amiguito me rompió el culo. Era el parking más caro de todo Buenos Aires. Ese día de vuelta a casa sobre las ocho y media de la mañana odié tener auto y odié el centro. Nada tenía que ver con el centro nocturno y el obelisco desolado y nada se parecía a aquellas noches donde salíamos a comer y el único ruido era el de nuestras voces, nuestros eructos y nuestras risas.



ya estaba extrañando!!! gracias por la vuelta! y que vuelta! impecable tulio!
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