Hoy después de unos lindos meses de vacaciones y relax constante, he vuelto a escribir. Es increíble la cantidad de situaciones hermosas que me tocaron vivir en estos meses de ausencia, pero sobre lo que quiero escribir hoy, es sobre los pequeños detalles. Estuve de visita en Buenos Aires mas o menos 2 meses y uno se da cuenta que hay cosas de la vida diaria que son esenciales y placenteras, una vez que éstas ya no están. No es que estos elementos o actitudes desaparezcan, sino que soy yo el que emigra hacia otro lugar donde prácticamente estos detalles casi no existen.
Para mi los días domingos suelen ser una patada en los huevos cuando se vive en ciudades donde no hay playa o bien esos domingos de otoño o invierno en los cuales uno se pasa el tiempo entre zapping en un sillón o entre lecturas con mil pausas producto de el aburrimiento.
Pero por favor que rica que estaba esa bondiola de cerdo completa en pan francés. Luego de ir a tirar una bolas con mi viejo al Driving Golf de Palermo, decidimos parar y entrarle de lleno a un puestito de la costanera. Si bien era invierno, el sol llegaba a acariciarte la cara y el humo de la parrilla te anestesiaba el alma. A los 10 minutos teníamos en nuestras manos dos bellezas traídas directamente del cielo.
_ ¨acá tenés mayonesa con ajo, y ahí esta el chimi¨_ me decía el parrillero.
El gordo no había estado nada cauto con el nombre de su negocio, ¨El Rey de la Bondiola¨. Nos sentamos mirando el río y el huevo frito empezaba a chorrear nuestras manos. Luego están los detalles de los detalles. Las típicas mesas coloradas de coca-cola con las sillas de lona plegables y con respaldo también de lona, los servilleteros con esas ¨servilletas¨que son las únicas del mundo que no limpian. Tenés que usar mil para limpiarte un dedo.
Son esas pequeñas cosas las que me vuelven loco, esa cotidianidad, esa cosa nuestra.
Como por ejemplo los colectivos, y todo su entorno. Los ¨bondis¨ son parte de nuestra vida desde muy temprana edad y son nuestros transportes mas fieles. No fieles a horarios ni a servicios, sino que pasan durante todo el día y toda la noche. Desde la maquina para sacar boleto con esa boca para meter las monedas (¨meté de a una pibe que sino se traba¨) hasta la disposición de los asientos de cuero y los fierros pa sostenerse. Ni hablar de los boletos capicúa (ritual mecánico e inconsciente) y de la cantidad de vendedores que pueden llegar a subir ofreciendo una variedad inagotable de productos. Chocolates, monederos, lapiceras, encendedores, calculadora,turrones, etc. Claro está que al que mas espero, es al cantante con su guitarra. En medio de todos, se la rebusca pa no caerse, sonríe hasta la ultima curva y deja todo en cada canción. Siempre admiré a esas personas y casi siempre les dejé una moneda. Para finalizar con tema colectivos de linea, otro punto que me fascina es el colectivero. Desde su sillón con miles de resortes y amortiguadores, pasando por su bocina, las fotos de todas las mujeres de su familia con calcos brillantes de sus nombres y la versatilidad para putear sin si quiera despeinarse.
Otra cosa que extraño mucho es el bidé. Si, el bidé del baño. En Europa no existen bidés como los nuestros. Acá el agua sale desde atrás, no desde abajo. No es que tengan el culo mas arriba sino que el agua sale de un agujero un poco mas abajo del nivel donde están las canillas, por lo que supone que el agua te pega debajo de la cintura. Malisimoooooo! No solo tenés que estar toqueteando mierda sino que no te produce ningún placer lavarte el culo.
Ya no se como explicarles a los tanos o a los gallegos nuestro excelente sistema de delivery. Entender lo entienden, pero no sé que hace falta pa que lo empiecen a implementar. Lo mas cerca de un delivery es llamar a la pizzería e ir a buscarlas 15 minutos después. En España, gracias a la cantidad inmensa de argentinos, ya hace varios año que se pueden ver algunas pizzerías o casa de comidas que incluyen envíos a domicilio, pero son poquísimas.
Cuando les cuento que te traen a tu casa helado, comida de cualquier tipo, películas, cigarrillos, bebidas, ropa de la lavandería, todo con su caja a medida y pakaging correspondiente, lo que se te ocurra, no lo pueden creer. Les encanta la idea pero no entienden que fenómeno sucede para que se produzca dicha conducta. También les comento sobre el pibe que hace los repartos, con la motito ruidosa a una velocidad extrema y no importa si llueve, nieve o truene el pibe siempre te toca el timbre. Piensen cada uno de ustedes que seriamos sin los deliverys. Una o dos veces por semana buscamos en nuestra heladera los imanes o folletos para hacer un pedido. Es algo increíble y siempre lo cuento con mucho orgullo.
Hay situaciones diarias que nos pueden producir mal humor o directamente las ignoramos por completo como por ejemplo el momento en el cual recogen la basura los camiones mal olientes y ruidosos. Pero yo les tengo un respeto terrible a los basureros. Primero porque cuando entrenaba en Club de Amigos y volvía sobre las 11 de la noche, a veces algún compañero me dejaba a unas 10 cuadras de casa sobre Av. Cabildo y yo emprendía mi caminata sobre la calle Pedro Rivera y mi suerte a veces cambiaba de rumbo. La primera vez que viaje en un basurero tenia unos 16 o 17 años y fue un flash. Me acuerdo de mi bolsito azul viejo gastado setentoso, y que estaba muerto del cansancio y tenia mucha hambre.
_ ¨loco me puedo colgar unas cuadras que no doy mas?¨ _ le pregunté instintivamente al basurero que no paraba de cargar bolsas.
Por suerte fueron varias las veces las que me encontré con los mismos pibes y en la misma calle, a la misma hora y tomando todo el aire del mundo me subía y aguantaba la respiración hasta no poder mas. No podía entender como estos loquitos estaban largas horas bancandose ese olor a podrido y ademas corriendo a todo palo por la cuidad con un animo excelente. En Europa ese trabajo no existe ya que la gente tira la basura en unos contenedores grandes y luego un camión se encarga, por medio de una grúa, de vaciar dichos contenedores.
El gran déficit del viejo continente, o mejor dicho España e Italia, son los kioskos. No hay ninguna tienda o local que reúna todo las pelotudeces en un solo negocio. En España a los puestos de diarios los llaman kioscos. En Italia a los bares de la playa o puestitos de la costanera los llaman Kioscos, pero ninguno como los nuestros. Podes comerte un súper pancho con papitas y mayonesa a cualquier hora de la noche. O comprar cigarrillos o revistas, o un buen alfajor triple o unos bizcochos pa el mate sin importar la hora ni el día de la semana.
Son pequeñas situaciones, detalles, costumbres implícitas, y escenarios habituales. Esas cosas son factores que hacen que mi vida acá (Italia) tenga otro gustito. No son imprescindibles, ni mucho menos las cosas que mas extraño cuando estoy acá. Lo que mas extraño cuando me voy de casa es a mi gente, mi familia, mis amigos, mi abuela, mis viejos, mis hermanos, mis sobrinos que crecen y crecen y el trato humano.
Extraño los besos, los roces, lo cariñoso que somos los argentinos. Nos damos casi siempre un beso, darse la mano es una formalidad que pocas veces sale afuera, mas en casos laborales o cuando nos presentan por primera vez a alguien y sobretodo en hombres. Acá la gente se da la mano o ni se saluda, solo un movimiento de cabeza asintiendo y listo. Esas cosas hace que las relaciones vayan mas fluidas y rápidas y no hablo de las sexuales, sino de las amistades y empatías. Ojo también pasa que cuando llegas a una reunión o cumpleaños y tenés que saludar a quince personas, podes tardar casi media hora ya que acá se dan dos besos en vez de uno.
Para dejar en claro, no es una queja publica ni mucho menos, ya que vivo afuera hace mas de ocho años y me encanta la vida de acá. He conocido a gente maravillosa, costumbres realmente nuevas, situaciones impensables, y pequeños detalles extranjeros que trato de vislumbrar y disfrutarlos al máximo.
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Por fin nene !!! Muy bueno, dicen que las comparaciones son odiosas, en este caso, me parecieron fenomenales. Me encanta leer lo que escribis.
ResponderEliminarVale Collini.
Muy bueno!!!. Lo mejor?, la anecdota de los basureros!!!. Un beso grande. Magui
ResponderEliminary la impaciancia de cuando estas en el avion contando los minutos para aterrizar.... la alegria de cuando pisas suelo argentino....y ni que hablar si es en epoca estiva.... esa sensacion de felicidad de llegar a casita...no es unica
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