El día que Pol, mi primo mayor, se iba por primera vez de su casa me ofrecí para ayudarlo con la mudanza. Teníamos que hacer 2 viajes en el Poderoso desde Monroe y Estomba hasta Congreso y Moldes, mas o menos unas 15 o 20 cuadras. No me acuerdo el día exacto pero era verano y la capital apestaba de calor. Salimos de Monroe con el coche cargadísimo al depto de Pol además con Tomi y Tatu (sus hermanos menores, también mis primos). Muebles, bolsos, lámparas, el techo y el baúl abierto pa mayor capacidad y el calor que no dejaba ni sentarte tranquilo en los asientos (sillones) de cuero gris que te dejaban las gambas coloradas y ardiendo por un rato. Llegamos por fin al depto y bajamos las cosas. La idea era subir todo al bulo de Pol pero lamentablemente el ascensor no andaba por corte de luz, que obviamente afecto solo al edificio nuestro, corroborado por Tatu que salió a ver los negocios y casas de la cuadra. La única opción clara era esperar a que vuelva la luz. Asi que dejamos a Tomi con los muebles y bolsos en el palier del edificio de congreso y con Tatu y Pol volvimos por el resto de las cosas. Llegamos a Monroe. El primer viaje fue un éxito.
Si existe aclaración es porque el segundo viaje nunca se completó como debía. Mientras los chicos bajaban el otro montón de bolsas y boludeces, me escapé a ponerle 5 pesos de nafta ya que la estación de GNC estaba más lejos y claro está que no me quedaba más. Pero corría con un punto en contra, el coche me estaba funcionando mal a gasolina. Luego de ponerle nafta, el poderoso ardía de calor y por supuesto no arrancaba. Por una vez en toda mi historia mi primer opción fue llamar al seguro. Llamé para que me manden una grúa o un mecánico. Ni empujar, ni abrir el capó en busca de alguna americana, ni buscar a algún vecino de por ahí que me meta mano, nada. El tipo llamó y esperó. Esperé 10 minutos. Yo estaba con ojotas, short y musculosa de entrenamiento y mas o menos había unos mil grados. Estaba a 3 cuadras de la casa de mis primos. No solo de la casa, sino que me esperaba una pelopincho en su mejor momento (y ni hablar del mío) Los chicos sabiendo de mi problema estaban esperando coordenadas para seguir con la mudanza, pero se sorprendieron al verme tan rápido de vuelta. Se alegraron, pero yo me alegre mas cuando me metí en al agua.
Luego de unos minutos de coca cola helada y comentarles el plan, me lo lleve a Tatu de rehén. Si hay algo que tenía claro es que con el Poderoso estar acompañado era un alivio, claro para mi.
Eran las 4 de la tarde y seguíamos esperando a la grúa. Pa no perder la racha, nos habían dicho que habían pasado mientras estábamos en la pileta y que no había nadie junto al coche.
Rápidamente pasamos al plan B: Llegar a la estación de GNC como sea. Corríamos con muchas desventajas, empezando que el coche estaba en Olazábal casi llegando a Melián, que la calle Melián además de ser empedrada tiene una pequeña inclinación que obviamente para nosotros era subida, que para llegar a la estación de GNC había que pasar por debajo del puente de la calle Superí que es mano única y por último que Superi esta llena de lomas de burro y tambien es en subida.
Solución: Una Americana con crema! _ diría Gustavito.
Paré a un taxi y no por casualidad. Los tacheros suelen tener buena onda y mas con autos que son de la familia. Y este no era la excepción, un correntino gaucho y buenudo. El chofi se bajo con la mejor onda y me preguntó que quería. Le pregunté si me empujaba hasta la GNC y me dijo que iba para el mismo lado. Asi que se puso detrás y justo antes de subirse al taxi me dice ¨uh perá nene, tu guardabarros es muy alto y me toca el frente del mío, no tenés algo pa remolcar? ¨
Tatu me miro desanimado, desesperanzado, pero respondí afirmativamente. En el coche tenía un rollito de cable de luz normal que había sacado del sucucho (universo en el cual estaba Arte Prima) que lo usaba para cargar la batería cuando me quedaba tirado. Lo atamos de ambos lados. No del medio, sino que usamos 2 pedazos de cable, cada uno a la altura de cada rueda. Lo atamos a la chapa de mi paragolpes y a unos ganchos que tenía el taxista debajo de cada óptica. El primer intento no duró ni un metro. La chapa de mi auto corto los cables.
Tatu me miro desanimado, desesperanzado, pero respondí afirmativamente. En el coche tenía un rollito de cable de luz normal que había sacado del sucucho (universo en el cual estaba Arte Prima) que lo usaba para cargar la batería cuando me quedaba tirado. Lo atamos de ambos lados. No del medio, sino que usamos 2 pedazos de cable, cada uno a la altura de cada rueda. Lo atamos a la chapa de mi paragolpes y a unos ganchos que tenía el taxista debajo de cada óptica. El primer intento no duró ni un metro. La chapa de mi auto corto los cables.
Unos meses atrás mi hermano Tin y Ceci se habían casado y en su fiesta regalaron como suvenir unas lindas remeras que fueron a terminar en el baul de mi coche. Así que además de regalarle una al Correntino, que parecía un boxeador retirado, usé un par para ponerlas entre el cable y la chapa. Nos subimos y empezó la travesía. Doblamos en Melián, y subimos por ese túnel de gigantescos árboles que es como si fuese de otro planeta. El aire que se respira ahí y el ruido de las hojas batiéndose es para mí un recreo, un paréntesis. Y el Poderoso se paseó por ese pasaje sin ningún problema. Doblamos en Mendoza para tomar así Superí cuando me acorde de las lomas de burro. Primer loma y prueba superada. Era sabido de antemano que esta era la parte más difícil de todo el trayecto. Luego de la primer lomada, hay una curva y contra curva con túnel pequeño de 5 metros de largo incluido. Por arriba pasa el tren San Martin pero esta vez no tuvimos la suerte de escucharlo y así poder pedir los 3 deseos que te corresponden. En cuanto cruzamos por el túnel, venia la segunda loma... Pasa el taxista y el tren delantero del Poderoso se sube a la loma, cuando estamos por bajarla el correntino clava los frenos y mi paragolpes de chapa fue a parar directamente en su baúl a la altura donde esta la patente. El Fiat Duna que manejaba quedó con el baúl abierto y claro que a unos metros del mío. Los cables que usábamos como nexos remolacadores saltaron luego del impacto. El tachero y yo nos bajamos al mismo tiempo y por suerte había sonado peor de lo que en realidad era. El correntino sin casi enojarse conmigo intentaba cerrar bien el baul dándole unos buenos golpes. Tatu no sabía donde meterse y yo con toda la calma y un poco de culpa le ofreci 5 pesos al taxista por la gauchada.
Bueno estábamos en la misma situación que antes pero mucho mas cerca de la estación de GNC. Parados sobre Superi, entre Olazabal y Blanco Encalada paré al primer coche que vi. Un Dosh 1500 celeste con arreglos de chapa a medio terminar por todos lados y piloteado por una mujer. Sino no era profe de colegio primaria pegaba en el palo, nose pero se le notaba la paz que tenia. Digo esto porque acepto sin pensar la locura que le propuse y lo mas loco era que ella nunca había empujado a ningún coche. Como mi paragolpes era un pelín mas alto que el de ella Tatu, sin registro y con un miedo padre, fue al volante del Poderoso mientras yo le daba indicaciones a la profesora de primaria. Asi que una vez los 2 paragolpes se besaron, los coches empezaron a rodar por Superí cuesta arriba. Lo gracioso de esa escena era que luego de controlar la maniobra de acercamiento entre los 2 autos me quede sin poder subir por lo que empecé a correr atrás de los coches por la calle. Imaginate a mí en ojotas y ropa de entrenamiento (bien fea) celeste corriendo con mi particular estilo por Superi y Monroe como un loco a las 5 de la tarde en pleno verano. El auto de la maestra nos alcanzo hasta Superi y Ugarte y se despidió con un fuerte bocinazo.
Cada vez faltaba menos, asi que empujamos unas cuadras y llegamos por fin a la estación de servicio. Lo primero que hicimos fue comprar una coca cola bien fría. La temperatura que habíamos alcanzado con Tatu empujando el auto por el asfalto ardiendo era fastidiosa. Luego de llenar el tanque, con GNC, fuimos por el resto de las cosas de la mudanza. Al final no pudimos llevar todo lo que quedaba pero deje a Tatu en su casa y lleve a Pol a su nuevo departamento donde Tomi esperaba hacia tiempo. Seguramente hubiese sido mas fácil llamar a un flete para hacer toda la mudanza pero ... Lo que vale es la intención y la anécdota.
Es una anécdota buenísima, me encanto, la metáfora, ( podría decirse ), de: "Los dos paragolpes se besaron", es tremenda.
ResponderEliminarAyer estuve en Los lagos y recordé, que con el mismo auto, narrabas tus noches a techo abierto. " Cinco bellezas "